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LA VANGUARDIA
Mientras la tasa de agresores españoles disminuyó un 20,8%, la de extranjeros sólo lo hizo un 6,3%. El debate sobre el efecto de la ley de violencia de género puede desarrollarse en muchos terrenos y uno de los menos explorados es el que tiene en cuenta hasta qué punto los mensajes de sensibilización y la ley contra este tipo de violencia llegan al conjunto de la población. Al parecer, calan más y tienen más efecto las actuaciones entre la población autóctona que entre la inmigrante. Así se deduce del análisis de diferentes estadísticas sobre violencia machista.
Para empezar, los datos del Instituto de la Mujer confirman una tendencia alcista en el número de homicidas de nacionalidad extranjera: si en el año 2003 se contaban 11 inmigrados de entre 58 homicidas, a mediados de agosto del 2007 ya son 15 los de origen extranjero sobre un total de 49. El porcentaje de inmigrados que han matado a su pareja o ex pareja aumenta sobre el total, lo que no deja de ser lógico, teniendo en cuenta que la población inmigrada crece más que la autóctona. Sin embargo, observando la tasa de agresores se confirma que sigue siendo mucho más significativa la de hombres de origen extranjero (sobre el conjunto de no nacidos en España) que la de autóctonos.
He aquí un ejemplo: si en los dos años previos a la aprobación del texto legal, esto es, el bienio 2003-2004, la tasa media de agresores españoles era del 2,4 por cada millón y la de extranjeros, del 9,5 por cada millón de hombres inmigrados, en el periodo 2005-2006 (una vez entrada en vigor la ley en diciembre del 2004), esas tasas disminuyeron a 1,9 y a 8,9, respectivamente. Es significativo que mientras la variación era de un 20,8% menos entre los españoles, la mejora entre los extranjeros se quedó en un 6,3%. Así se deduce de un informe sobre la violencia sexista en España encargado por la Junta de Andalucía.
“Parece que nuestro mensaje contra la violencia de género no llega a los extranjeros, no atendemos a sus peculiaridades y sus elementos de identidad. Deberíamos tenerlos en cuenta para tratar de llegar a ellos con las medidas preventivas necesarias”, afirma Miguel Lorente, director general de asistencia jurídica a víctimas de violencia en Andalucía.
La clave para analizar el comportamiento de este agresor homicida es, cómo no, la cultura patriarcal; una cultura de hombres, con sus claves y sus referencias culturales, donde predominan la posesión, el dominio, el control de la mujer. Y ¿qué hay tras esa construcción de dominio? Lorente recuerda que en el fondo está movida por elementos básicos, instintivos, aquellos que desarrolló el hombre en tiempos remotos para, a fin de controlar su descendencia, tener controlada a la mujer.
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