En busca de una cooperación más humana aquí y allí.

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Hasta 15 derechos humanos son negados a personas en países como Colombia o Irak. La nueva organización Red Internacional En Derechos trata de que las personas de países empobrecidos y no tomen conciencia.

CANAL SOLIDARIO

En Colombia, Sudán, Colombia e Irak, especialmente, los desplazamientos de personas son tan continuos y multitudinarios como persistente es la pobreza, la violencia y el ansia de supervivencia, más que el de aspirar a una mejor vida. Estas migraciones forzosas suelen afectar a todos los miembros de la familia, que tienen que cargar una y otra vez con sus enseres de un lado a otro, como si fueran hormigas en busca de alimento. Sin embargo, son los jóvenes y niños los más perjudicados por la falta de escolarización y de amistades duraderas, la marginación y la pérdida de referentes. Esta es la situación que denuncia la Red Internacional EnDerechos.

Este nueva organización ha nacido gracias a la unión de siete entidades: la Asociación Pro Derechos de España-APDHE; Iniciativas de Cooperación Internacional para el Desarrollo –ICID; ISI-Argonauta; el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense; la Universidad Politécnica de Valencia y 100 ojos como empresa de materiales educativos desde el enfoque de derechos humanos.

La Red nace con vocación de aunar los esfuerzos de organizaciones de distintos países para lograr una cooperación para el desarrollo que incluya el respeto a los derechos humanos; pero no sólo en los proyectos sobre el terreno. Se trata, también, de crear conciencia crítica en países occidentales del Norte, de mostrar qué pasa y enseñar vías para transformalo.

Por el momento, la organización se ha centrado en los desplazamientos obligados que se producen en Colombia, que implican a tres millones de personas y eliminan como si nada y de raíz hasta 15 de sus derechos fundamentales, como el derecho al agua, a la seguridad de su persona o a la educación.


Además, la Red Internacional EnDerechos tratará de que las personas desplazadas tengan la información suficiente para que puedan reivindicar sus derechos fundamentales. Para ello, promoverán un sistema que les apoye en sus reclamaciones, les informe y les transmita la confianza y la fuerza necesarias. Quizás así puedan denunciar sin miedo la falta de justicia.

En cuanto a su actuación en países enriquecidos, la Red ha elaborado una serie de materiales didácticos con los que intentarán despertar la conciencia sobre lo ocurrido en países olvidados tantas veces por la comunidad internacional. Entre las actividades propuestas en esta última línea de actuación destacan las dinámicas de grupo. Se pueden realizar en el colegio o en casa, por ejemplo; consisten en empatizar con la persona que tiene que vivir una situación de emigración, pobreza o guerra: cómo se puede sentir, qué derechos pueden faltarle, qué vida desearía; y de compartir a continuación las experiencias de cada uno.

Turquía: la fractura por Antonio Elorza

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EL PAÍS

La gestación del conflicto remite a los primeros años de la República turca. El proyecto de modernización autoritaria de Kemal Atatürk, de contenido laico y europeísta, pudo triunfar gracias al desplome del imperio otomano y por el inmenso prestigio obtenido con la victoria militar contra Grecia. La religión quedó entonces como último bastión frente al cambio, y si bien se vio obligada a retroceder, desprestigiada políticamente por su vinculación al antiguo régimen, no por eso dejó de contar con el respaldo mayoritario en la sociedad cada vez que el régimen kemalista se abrió a la democracia. La secuencia de prohibiciones de partidos religiosos y golpes militares, desde los tiempos de Kemal hasta fines de los 90, fue el reflejo de esa tensión.

Pero ahora parecía alcanzado el equilibrio con la llegada al Gobierno de un partido islamista dispuesto en principio a acentuar la modernización, vincularse a Europa y mantener el respeto a una Constitución que literalmente blindaba al Estado secular. Así estaría el país en condiciones de abordar las reformas imprescindibles para el acceso a la Unión Europea, al consagrar el respeto a los derechos civiles, eliminar la tutela del Ejército sobre las instituciones, suprimir el ultranacionalista artículo 301 del Código Penal en virtud del cual fueron acusados Orhan Pamuk y el escritor armenio Hrant Dink (cuyo asesinato posterior sigue en la práctica impune) y, tal vez, soñemos, mostrarse realista en la cuestión de Chipre y justo al reconocer la herida de ese genocidio armenio que como muestra el reciente libro de Gurriarán, Armenios, gravita aún sobre los herederos de las víctimas. Nadie podría entonces cerrarle a Turquía las puertas de Europa.

Todo se ha venido abajo con la batalla sobre el velo. En principio, la cosa no debiera ser tan grave, ya que la restricción levantada por el Parlamento y restablecida por el Constitucional se limita a las universidades, y no afecta al uso masivo de la prenda en la vida civil. No existen las restricciones a la libertad religiosa en Turquía de que habla el ministro Ali Babacan.


Sólo que el tema ha destapado la dureza del enfrentamiento entre el laicismo intransigente a la defensiva de juristas y militares, de un lado, e islamistas gubernamentales de otro. Hasta el punto de que pronto el Tribunal Constitucional puede declarar la ilegalización del partido de gobierno y condenar a decenas de sus dirigentes, con Erdogan a la cabeza, por impulsar una anticonstitucional islamización del país. Ya con anterioridad el mismo fiscal Yalçincaya había promovido la ilegalización del partido nacionalista kurdo, con veinte diputados, cuyas "actuaciones e ideas" les convertirían en instrumento del independentista y terrorista PKK. Un poco más y vacía el Parlamento de Ankara.

Lo cual no debe llevarnos a la angelización de Erdogan, que ha elegido la línea de aceptar la prueba de fuerza. ¿Por qué Parlamento contra Tribunal si en la Constitución están los artículos 2, 4 y 148? ¿Por qué reaccionar enviando al infierno a sus antagonistas citando el versículo 7.179 del Corán? ¿Por qué emplear los recursos del Estado laico desde la Dirección de Asuntos Religiosos preparando una actualización de los hadices o sentencias de Mahoma si no se está pensando en reintroducir la sharía (Corán más hadices) en la legislación del país?

Y si el supervisor del mastodóntico proyecto, Mehmet Gormez, asegura que hay sólo un islam, rechazando ser un islamista moderado, que no será borrado ni un hadiz ni alterada la palabra de Alá, tal puesta al día es ante todo de temer. Hay en los 7.000 hadices de las compilaciones fiables (sahih) demasiados yihad como guerra, antijudaísmo y voluntad punitiva. En suma, la línea de Erdogan apunta a una islamización larvada, conforme destacan los representantes de los 15 millones de alevíes, que le han retirado su colaboración. Ahora bien, son signos, no pruebas.


Acaba de proponer Juan Goytisolo razonablemente que el tránsito musulmán hacia la democracia no sea forzado desde Occidente. Es menos seguro, sin embargo, que las cosas se vean mejor desde dentro cuando la atmósfera es autoritaria (su propio caso en Marruecos) y que debamos menospreciar el peso ideológico de los orígenes en el islam.

Las normas del Corán y de los hadices son de obligado cumplimiento, incluso para islamistas modernizadores como los turcos o como Tariq Ramadan: de ahí que tenga éste que admitir a regañadientes el castigo físico a la mujer desobediente, la pena de muerte para los apóstatas o esa misma centralidad del velo en que ha caído Erdogan. Cierto que islamismo no equivale a nazismo, pero dentro del abanico de islamismos, siempre orientados a regir las sociedades por la sharía o ley coránica, las fórmulas radicales, de los Hermanos Musulmanes a los tablighi o a los wahhabíes de Arabia Saudí, desembocan inevitablemente en un totalitarismo horizontal o totalismo, sociedades cerradas en que todos cumplan con el mandato de "ordenar el bien y prohibir el mal".

Ante la ejecutoria de Erdogan, es de rigor la desconfianza, pero también lo es el reconocimiento de que el fracaso forzado de su conciliación hoy amenazada entre islam y democracia supondría un desastre para Turquía y para Europa.

"Es curioso tener miedo de la muerte a los once años"

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Un niño del exilio español, un joven judío en las juventudes hitlerianas, una pequeña encerrada en un sótano en Sarajevo, un niño soldado en Sierra Leona. Cuatro historias con las que Save the Children celebra su 90 aniversario.

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"Noventa años de existencia de una organización que no tendría que existir, pero que menos mal que existe", comenzó la escritora y periodista Ángeles Caso en la conmemoración del aniversario del organismo. Recordó que más de 40 millones de niños viven actualmente en zonas en conflicto y añadió que "es necesario conocer la atroz historia del siglo XX para que el conocimiento nos dé libertad y responsabilidad respecto al mundo".

Herminio Martínez, triste exilio español

Transmite serenidad, paz y un punto de tristeza en sus palabras. Vivió más que la guerra, el largo exilio. En 1937 sus padres le llevaron a él y a su hermano a un barco que le conduciría junto a otros 4.000 niños a Reino Unido. Sus padres, republicanos instalados en una localidad cercana a Barakaldo (Vizcaya), tuvieron que despedirse de ellos cuando las tropas franquistas estaban a punto de tomar la zona. Nunca les volvieron a ver. En Reino Unido, Herminio inició un periplo de refugio en refugio; no podía ir a la escuela ni hacer amigos duraderos. Pasaba frío y hambre. A los 14 le echaron y tuvo que empezar a trabajar en múltiples oficios de diferentes lugares, hospedándose en posadas y pensiones. "Fueron los peores años de mi vida", relata con su ligero acento inglés. Luego empezó a estudiar, se matriculó en la universidad y obtuvo una licenciatura y un master. Siempre estudiando de noche para trabajar durante el día.

"Tengo que decir que aguanto muy mal los abusos e injusticias que sufre la gente. ¿Cuántos cientos de miles de personas nos manifestamos en Londres antes de que se declarara la guerra contra Irak?, ¿y cuántos miles murieron debido a ella? ¿Por qué se tapó el tapiz del Guernica de la ONU durante esta guerra?", denuncia.


Sally Perel, un judío en las juventudes hitlerianas

Para Sally Perel su vida ha estado marcada por la pervivencia de dos almas en su único cuerpo. Este judío que acabó en "la piel del lobo" (un internado de las juventudes hitlerianas), por su ansia de vivir y una serie de casualidades, tenía que convivir no sólo con el miedo a ser descubierto; también con la contradicción que suponía escuchar cada día que los judíos eran dignos de odio y muerte, cuando él mismo lo era. Sin embargo, cuenta que el resto del imaginario nazi caló en él de tal manera, que a partir del fin de la II Guerra Mundial ha tenido que luchar contra ese alma nacionalsocialista, del mismo modo que cuando tenía 16 años con su origen judío. Desde 1947 vive en Israel, "donde la guerra me ha perseguido y rodeado durante toda el resto de mi vida".

Basada en la historia de su vida se realizó la película 'Europa, Europa'. Dice haberla visto alrededor de 500 veces y llorar cada una de ellas durante la escena del reencuentro con su hermano, que pasó la guerra en un campo de concentración.

Zlata Filipovic, desde el sótano

Zlata aún recuerda sus clases de inglés desde los cinco años, su existencia privilegiada, los paseos por las colinas verdes de su ciudad, Sarajevo (entonces perteneciente a Yugoslavia). Tenía diez años cuando empezó un conflcto que aún no se ha solucionado completamente, no lo comprendía y se enfadó: si ella no había votado en las elecciones, ni había querido que la guerra empezase, no podía perjudicarle lo que otros habían decidido por ella.


Encerrada habitualmente en el sótano de su casa, había días sin bombas ni tiroteos en los que podía salir al parque que quedaba enfrente de su casa. Un día de esos, sus amigos fueron hasta allí y le gritaron desde abajo que fuera a jugar con ellos. Ella no podía, se lo había prohibido su madre. Pocos minutos después, cayó una bomba sobre el lugar que mató a buena parte de sus amigos. "¿Qué hizo mi amiga Nina, a la que sólo le gustaba jugar en el parque, para morir"?, se pregunta y añade: "Es curioso tener miedo de la muerte a los once años".

Había comenzado a escribir un diario ('Diario de Zlata Filipovic'), como Ana Frank, antes de que empezara la guerra. Alguien lo descubrió y decidió publicarlo. Gracias al gran éxito que obtuvo, consiguió escapar de Sarajevo, junto a sus padres, por medio de la ayuda de la editorial francesa del libro.

Edwin Tholley, niño soldado

Con su español escaso, su acento peculiar y su mirada de niño podría pasar por un joven aprendiendo en clase un nuevo idioma, pero lo que cuenta es tan duro como si fuera un anciano que ha vivido -ha sufrido- mil guerras. En parte lo es, aunque tenga 22 años: durante cuatro formó parte del ejército rebelde de Sierra Leona, su país. Cuatro años de su infancia, desde los ocho a los doce, en que tuvo que empezar a matar, asaltar, torturar. Lo había secuestrado el ejército insurgente, bajo la amenaza de que si no hacía lo que se le pedía, le matarían.

Durante ese tiempo, permanecía en estado de excitación permanente, pues, como explica Tholley, "nos daban mucha droga para que ser valientes y poder hacer cosas malas". Asimismo, les hacían creer que su actuación era tan humanitaria como que estaban liberando a su país, desde bien pequeños, de los que habían venido a quitarles la tierra. "Decían que cuando ganásemos la guerra, volveríamos con nuestras familias y tendríamos hogar y dinero", explica.

No le dio tiempo a convertirse en héroe de guerra, sin embargo, aunque a los doce ya era sargento de la insurgencia con otros 15 niños a su cargo. Logró fugarse junto a algunos de sus compañeros. Él pudo sobrevivir, otros no. Con la ayuda de un religioso español llegó a España, donde ha comenzado a estudiar enfermería, aunque en realidad quiere ser médico. Y todo porque su intención última es regresar a su país a ayudar y cuidar a otros. Ha tenido suerte; está contento.

La generación más brillante está condenada por Ángeles Espinosa

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Son los más preparados y sanos de su historia, pero también los más frustrados - Cien millones de jóvenes de Oriente Próximo están abocados al paro, la emigración o el extremismo islámico

Amir y Nazanin llevan esperando para casarse desde que se prometieron en julio de 2007. "Con mi sueldo de encargado de zapatería es imposible encontrar piso en Teherán", se queja Amir, de 26 años, pese a saberse afortunado por tener un empleo. Otros jóvenes de su edad ni siquiera pueden plantearse la boda.

Amir y Nazanin llevan esperando para casarse desde que se prometieron en julio de 2007. "Con mi sueldo de encargado de zapatería es imposible encontrar piso en Teherán", se queja Amir, de 26 años, pese a saberse afortunado por tener un empleo. Otros jóvenes de su edad ni siquiera pueden plantearse la boda. Es el caso de Wael, un técnico en turismo egipcio, quien a punto de cumplir 27 aún no ha logrado un trabajo estable que le permita pensar en su futuro. Desempleo y subempleo atenazan a cien millones de jóvenes en Oriente Próximo y el norte de África, cuya frustración sólo puede incrementar la presión migratoria sobre Europa o, en el peor de los casos, empujarles a los brazos del extremismo islámico.

Constituyen un 30% de los habitantes de la región, y no sólo se trata del mayor número de jóvenes (entre 15 y 29 años) de su historia, sino también de la generación más educada y sana. Aun así, sus posibilidades están muy lejos de sus expectativas. Frente a una media de paro juvenil del 14% en el mundo, en Oriente Próximo se eleva al 26%, la más alta de todas las regiones. Y la presión sólo puede crecer. Mientras en la mayoría de los países europeos los menores de 15 años apenas alcanzan un 20%, en Irán son un 32%, en Egipto un 35% y en Arabia Saudí un 39%. El Banco Mundial estima que la región necesita crear 100 millones de empleos de aquí a 2020 para estabilizar ese desequilibrio.

"Sin duda el trasfondo demográfico exacerba la situación, pero el principal problema es que la zona está evolucionando de economías proteccionistas a economías de mercado", explica Ragui Assad, director regional del Population Council, una ONG dedicada al desarrollo humano. En consecuencia, el Estado ya no puede garantizar el trabajo en el sector público, que era la puerta de entrada en la clase media.


"Hasta ahora todo el mundo iba la Universidad y eso aseguraba un empleo en la Administración, pero el Gobierno ha dejado de proveer puestos de trabajo", constata Abdel Monem Emara, ex ministro egipcio de la Juventud durante la década de los noventa. Así que los jóvenes se quejan de que no encuentran trabajo, o de que si lo encuentran, el salario es muy bajo. "No pueden decidir su futuro", señala Emara, ahora director de la Fundación Actores del Cambio dedicada a la formación de los jóvenes.

"No tengo ninguna perspectiva sobre mi futuro", admite Parastoo, una iraní de 26 años en paro. "Tal vez no sea muy grave estar sin empleo dos o tres meses, pero no tengo claro cuánto va a durar esa situación y eso me asusta".

"La región no está invirtiendo de forma adecuada en su activo más importante: su gente", denunciaba el jeque Mohamed Bin Isa al Jalifa, director general del Consejo de Desarrollo Económico de Bahrein, en un reciente debate del Foro Económico Mundial. Y, sin embargo, Oriente Próximo destina un 5% de su producto interior bruto a educación, frente al 3% de otras zonas como el Este Asiático o Latinoamérica.

El ex ministro egipcio apunta a dos problemas. Por una parte, aunque la educación básica se haya hecho universal, en las clases más modestas, "muchos chavales dejan la escuela para ayudar a sus padres acuciados por salarios que no les permiten mantener a sus familias". Esto no sucede en la clase media, "pero a quienes permanecen en el sistema educativo público, no se les enseña a pensar por sí mismos y carecen de habilidades de comunicación, gestión y toma de decisiones".

"No tenemos preparación ni medios para salir de esta situación. No podemos encontrar nuestro lugar", se duele Zina, estudiante de comercio en la Universidad de El Cairo, de 24 años.

"Los jóvenes de hoy están mucho más educados que nunca y sin embargo valen menos [en el mercado laboral]", apunta Ragui Eso conduce a la frustración y a un estado de transición interminable. Así que pasan de los 21 a los 30 años esperando a poder asumir el papel de adultos, algunos incluso más tarde.


Uno de los indicadores que más preocupa a los analistas es el retraso de la edad media de matrimonio. Hace una década, el 63% de los hombres estaba casado antes de los 30 años. Hoy apenas alcanza el 50%. Y en el caso de Irán se queda en un 38%. Cifras, todas ellas, muy por debajo de la media de Asia (77%), Latinoamérica (69%) o África (66%).

Este fenómeno no es exclusivo de Oriente Próximo. Y, sin embargo, en estas sociedades adquiere una dimensión mucho más dramática. A diferencia de Europa o de Estados Unidos, aquí el matrimonio es la única llave de entrada en la edad adulta y, además, las relaciones prematrimoniales están prohibidas.

"Están proliferando los arreglos no tradicionales como el matrimonio urfi en Egipto o la sighé en Irán [el primero no se registra y el segundo tiene una duración prefijada], la prostitución y la pornografía", dice Ragui. Pese a que esos temas aún resultan tabú en muchos países, poco a poco están llegando a los medios. Eso da idea de la preocupación que generan.

Los sociólogos constatan un creciente abismo entre lo que se considera aceptable y lo que realmente ocurre. "Se actúa a escondidas", admiten numerosos chicos y chicas entrevistados en Irán y Egipto. "Siguen siendo educados de forma tradicional, con valores y costumbres en las que no creen. Carecen de espacios para encontrarse y de independencia para comunicarse sin el control de la sociedad", señala la documentalista y activista social Hala Gala.

"Los jóvenes no pueden responder a las exigencias sociales y esa tensión se traslada a las relaciones con los padres, en especial con las hijas", advierte Hosein Ghazian, un sociólogo iraní crítico con las políticas oficiales.

Ni siquiera el reciente boom económico, impulsado por la liberalización y los altos precios del petróleo, les está ayudando. Aunque con un crecimiento medio anual por encima del 5%, la región está reduciendo sus tasas de paro, la mayoría de los nuevos empleos se crean en el boyante sector de la construcción (copado por inmigrantes) o se trata de trabajos temporales, mal pagados y que no permiten la movilidad social. "Eso no es suficiente para presentarse como un novio respetable", recuerda Ragui.


Además, no se trata sólo de la dificultad de encontrar trabajo estable. También ha habido cambios en el estilo de vida que complican el problema. El acceso de las mujeres a la educación hace que la mayoría rechace vivir con la familia del marido como venía siendo tradicional. Proveer el techo común es una responsabilidad que recae sobre el novio. Con los precios actuales de la vivienda se convierte en una tarea titánica, incluso si sólo se aspira a alquilar. Además, dado el carácter asimétrico del matrimonio islámico, las familias de las chicas tratan de protegerlas de un posible repudio pidiendo dotes millonarias.

"Por un piso de 60 metros cuadrados piden 50 millones de riales de fianza [3.500 euros] y otros cuatro de renta mensual", se queja Amir que gana el equivalente de 200 euros al mes. "Lo mínimo cuesta 18 millones por metro cuadrado. Pero para cuando logro ahorrar el precio ya se ha multiplicado por dos o por tres. Si tu familia no puede ayudarte, te quedas soltero", concluye.

Y dado el papel central del matrimonio en Oriente Próximo, los solteros se van quedando sin oportunidades sociales y económicas. No hace falta ser experto para darse cuenta de que estamos ante una bomba de relojería. Desde el 11-S, numerosos analistas han advertido de que el creciente malestar y frustración entre los jóvenes de Oriente Próximo constituye un caldo de cultivo favorable para el radicalismo islámico y, eventualmente, al terrorismo.

"La vuelta a la religión constituye una nueva forma de liberarse", señala el padre Williams, un jesuita egipcio que trabaja con chicos de la calle y ha visto el avance de los Hermanos Musulmanes en su país. "Quienes no tienen la capacidad de reflexionar, pueden abrazar el suicidio", admite, aunque, en su opinión "tras lo ocurrido en Irak también hay voces que empiezan a criticar la manipulación del islam".

"Es claramente un factor de riesgo", admite Ragui. "Aunque no es automático, algunos jóvenes infraempleados han caído en las redes de grupos extremistas. Pero no hay datos concluyentes. Por su propia naturaleza, no podemos recabar datos sobre su composición. Ahora bien, cuando preguntamos qué es lo más importante en sus vidas, un número creciente responde que la religión. De ahí que debamos ofrecerles actividades significativas y valiosas que, si no dan grandes salarios, al menos proporcionen preparación y respeto", sugiere el director del Population Council.


A falta de esa alternativa, muchos jóvenes están optando por la emigración, lo que sólo puede aumentar la presión sobre Europa, la frontera más cercana. El caso de Egipto resulta significativo. Con 40 de sus 77 millones de habitantes menores de 35 años, ocho millones se inscribieron en 2006 en el sorteo para obtener un permiso de residencia en Estados Unidos. Lo que es más preocupante: el año pasado una veintena de jóvenes murieron ahogados cuando intentaban alcanzar de forma ilegal las costas de Italia y Grecia, una vía de escape que hasta ahora se limitaba al Magreb.

En Irán, el segundo país más populoso de la región, con 70 millones de habitantes, un 25,6% de los jóvenes está desempleado y la cifra alcanza un 28,95% en las zonas urbanas, según datos del Centro de Estadísticas (oficial). No hay información sobre el número de jóvenes que desean emigrar, pero las embajadas occidentales reciben muchas más solicitudes de las que pueden procesar. El riesgo de radicalización es, sin embargo, menor. "Dado que aquí tenemos un Gobierno islamista que se ha convertido en un ejemplo indeseable, los jóvenes reaccionan en sentido contrario", apunta Ghazian.

"Los jóvenes no tienen un problema, nosotros somos el problema", asegura Emara, el ex ministro egipcio. Sin embargo, la mayoría de los encuestados ven su futuro sombrío. Y tal como advierte, Mohamed al Abbar, el patrón de Emaar Properties (uno de los principales proveedores de empleo de Oriente Próximo), "si la región no es capaz de desarrollar sus enormes recursos humanos, se enfrentará a un futuro de insatisfacción, malestar y declive económico". Por ello, tal como señala el ex presidente del Banco Mundial James Wolfehson, "ninguna otra tarea es más urgente en la región que dar esperanza a sus cien millones de jóvenes".

Barcelona acoge primer instituto universitario de la ONU en el sur de Europa

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EFE

El recinto modernista del Hospital de Sant Pau de Barcelona acogerá en el año 2012 el primer instituto de la Universidad de las Naciones Unidas que se ubicará en el sur de Europa, y que se dedicará a disciplinas vinculadas a la Alianza de Civilizaciones.

El pabellón de Sant Manuel, del arquitecto Lluís Domènech i Montaner, será rehabilitado para convertirse en la sede española de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), que aunque no estará a pleno rendimiento hasta el 2012 empezará ya a desplegar cierta actividad a partir de este mismo año gracias a los 750.000 euros aportados por el Ministerio de Educación.

Éste será el primer pabellón del recinto que será acondicionado después de que hace unos meses se presentara el proyecto que transformará Sant Pau en el Centro Internacional del Mediterráneo y en un plataforma de sedes de organismos mundiales, una vez concluido el traslado de la actividad sanitaria al nuevo hospital.

La elección del hospital para albergar esta institución universitaria ha sido celebrada hoy en un acto público por el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, el conseller de Universidades, Josep Huguet, y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, así como por el representante de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), Marco Antonio Rodrigues Dias.

El proyecto, que supone la mayor rehabilitación patrimonial de los últimos tiempos en Cataluña, se realizará en dos fases, la primera de las cuales finalizará en el 2013 y la segunda en el año 2016.

La UNU es un órgano autónomo de la Asamblea General de la Naciones Unidas que tiene como objetivo impulsar la creación y transferencia de conocimientos de acuerdo con los principios de la Carta de las Naciones Unidas.


El centro que se abrirá en Barcelona será el décimo de los existentes en el mundo y pretende constituirse en un "think tank" y punto de difusión y creación de ideas y pensamiento en temas relacionados con la Alianza de Civilizaciones, que promovió José Luis Rodríguez Zapatero en 2005, y el fortalecimiento de la paz.

Ángel Gabilondo ha destacado hoy que el instituto universitario de Barcelona se dedicará a la formación y la investigación en áreas como la educación y los sistema educativos, la juventud, la migración y los medios de comunicación.

La financiación de sus actividades procederá de partidas comprometidas por el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña, además de recursos que pueda obtener a través de sus actuaciones.

La partida inicial de 750.000 euros dispuesta por el Gobierno se incrementará hasta llegar a algo más de dos millones de euros en el 2012.

La Generalitat se hará cargo de la rehabilitación del pabellón Sant Manuel, que cuenta con una superficie de 2.305 metros cuadrados, y está previsto que esté listo este mismo año.

El instituto, que operará bajo la forma jurídica de una fundación, contará con un director, seleccionado mediante concurso público internacional, y contará con unas 250 personas entre profesores y estudiantes.

Ángel Gabilondo ha reivindicado la formación humanística durante el acto de presentación oficial del instituto de la UNU y ha considerado de gran valor estudios como los que se impartirán en él, ya que son cruciales para trabajar en pos de la alianza de todas las civilizaciones y el respeto a los derechos humanos.

Los responsables de la Molt Il·lustre Admistració de la Fundació Privada Hospital de la Santa Creu y Sant Pau han destacado que la restauración del pabellón Sant Manuel se hará en paralelo al traslado de la actividad sanitaria al nuevo hospital y que se iniciará el 14 de junio con los trabajos de desmontaje.

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